Después de que aprendemos a hablar, hacemos uso del lenguaje de una manera muy desprevenida. Se nos olvidó en el camino que las palabras nos definen. Lo que sale de tu boca es lo que eres.

Como comunicadora, fui desarrollando habilidades para escribir con palabras adecuadas, elocuentes y precisas. Dentro de mi carrera profesional, me preocupé mucho por expresarme bien, por elaborar textos con estructura y con conocimiento de la sintaxis. Después la vida me llevó a conocer los cimientos de la PNL – Programación Neurolingüística. Aprendí desde entonces que nuestras palabras reflejan nuestra construcción mental de ideas, pensamientos y sueños. Supe que nuestras palabras crean nuestra realidad. Saqué las mejores notas en Escritura y en Prensa en la Universidad, y sin embargo, en la vida me he rajado con el uso descuidado que he decidido darle a mis palabras.

Lo cierto es que las palabras sanan o abren heridas. Hoy miro hacia atrás y me arrepiento de muchas palabras que pronuncié a personas que he amado profundamente. Mi intención nunca fue dañarlas, pero por no tener consciencia al pronunciarlas, creé heridas profundas. Muchas veces fueron respuesta de otras palabras que me dijeron, también inadecuadas, pero frente a las cuales, no puedes reaccionar.

Tu palabra es tu verdad.

Deja de usar las palabras como si fueran arrojadas al viento, como si nadie las escuchara. Así sean palabras silenciosas, el universo te escucha y obedece a tus mandatos.

No desperdicies tus palabras con nadie, y mucho menos, contigo mismo. Tómate esto muy en serio. No te permitas decir palabras que dañen a otros, pues te estarás dañando a ti mismo. No importa que otros las utilicen para dañarte; no son conscientes de lo que hacen. En cambio, Tú si lo eres ahora. Aunque recibas palabras que maltratan, responde con palabras que abrazan. Las personas pueden querer herirte, pero sólo Tú decides si quieres resultar herido. Ten presente que las personas solo dan de lo que tienen; y lo que tienen lo atesoran porque es de lo único que han recibido. Tu también has herido. Decide cambiar eso ahora. Si dejamos de juzgar a las personas y entendemos que ellas sólo pueden dar de lo que recibieron, sabremos porqué salen de ellas palabras tan duras.

¿Quieres conocer una persona? No la conocerás por lo que dicen de ella, sino por lo que ella dice de las demás personas. Con sus palabras conocerás si tiene dulzura en su corazón o si ha dejado de creer en sí misma y en los demás. No porque ella haya dejado de creer, debes dejar de hacerlo tú. Ella tendrá sus razones para hacerlo, y nuestro acuerdo tácito es no juzgarla porque ella está en su proceso, y tu estás en el tuyo.

¿Te has percatado de la importancia que tienen las palabras? Por medio de las palabras, creamos acuerdos, le decimos “sí” a un sello que cambiará nuestras vidas para siempre, celebramos contratos comerciales y educamos a nuestros hijos. En definitiva, son nuestras palabras las que están proyectando nuestra próxima realidad hacia los otros y hacia el mundo.

Ten cuidado con las palabras que eliges, y más importante aún, con la intención con la que las pronuncias. Estos son los dos ejes sobre los cuales se sostiene la rueda de tu existencia. Si pones a la rueda a girar con palabras conscientes y con una intención pura, te convertirás en un vehículo de amor.

Mi intención es elegir mejor mis palabras en este blog para tocar tu fibra más íntima, al igual que tener una comunicación amorosa diariamente para convertirme en un ser más Consciente. Ya sabemos suficiente de inconsciencia; es hora de trabajar en nosotros mismos para cambiar nuestra realidad interior. Cuando este cambio se produce, la vida dejará de ser la que fue.

Tus palabras pueden cambiar la vida de una persona… o de muchas. Cuídalas como si fueran lingotes de oro, que cada vez que lanzas, se devuelven hacia ti. Si malgastas un lingote de oro, perderás tú. Si lo lanzas adecuadamente, éste regresará a ti multiplicado.

Pide perdón a todas aquellas personas a las que hayas herido, así no haya sido tu intención hacerlo. No es necesario que lo hagas personalmente; basta con que lo hagas a través de palabras silenciosas y una intención poderosa para que puedas sanar. A veces, las circunstancias no se dan para que cierres ciclos de manera personal. Si tienes la oportunidad de verle la cara a la persona con la que quieres iniciar un nuevo ciclo, hazlo. Acuérdate que la vida es ahora, y que las palabras que no dices son las verdades que te niegas a ti mismo.

Con tus palabras puedes revolucionar al planeta entero. Un sólo hombre cambió la historia de India con sus palabras de sabiduría y amor. Ni siquiera tengo que hacer alusión a él para que sepas de quién estoy hablando. Así de poderosas son nuestras palabras: pueden permear corazones y transformar vidas por siempre.

Algún día no tendremos que hablar para comunicarnos. Mientras tanto, nos estamos entrenando en cómo comunicar con amor y sabiduría.