Sin importar qué situación difícil estés atravesando en tu vida, elévate por un momento sobre ella. Toma distancia y ubícate en un punto elevado, como si la estuvieras viendo en panorámica. Una vez situado allí, observa cómo la película de tu vida se despliega ante tus ojos. Detente un poco en el episodio que te está molestando y haz una pausa. Mira a los actores principales, incluyéndote a ti. ¿Qué rol estás jugando en esta situación? ¿Eres el salvador de la historia? ¿Eres el villano? ¿Eres neutro y no tomas partido? ¿Para qué atrajiste esta situación a tu vida? Permite que las respuestas lleguen a tu mente; en este momento, la mente de un espectador que simplemente ve correr la película. Deja tus juicios a un lado, y simplemente observa.

Trata de ver qué tanto componente de drama tiene esta situación y si es necesario que continúes cargándote a ti de ese melodrama. Si ya te saturaste de vivirlo y crees que ya fue suficiente; escribe un nuevo desenlace para ese episodio. Dale un vuelco al personaje. Imagina todas las cosas grandiosas que atraerías a la vida de todos los personajes involucrados en tu historia, si tan solo adoptas una posición diferente.

Ahora, permítete reírte de este episodio. Ríete de ti mismo y de las cosas que a veces se te han ocurrido en medio del melodrama. Ríete de la vida y comprende que aquí solo estás desarrollando un rol. Tu puedes decidir darle un giro a ese personaje y convertirlo en el conquistador de sus propios retos.

Al hacer este ejercicio, ves en retrospectiva tu vida y te percatas que eres más grande que el suceso que te está molestando. ERES cuando evocas desde el Ser interior y te permites respirar desde arriba el aliento de vida que has plasmado en tu realidad. Nada que tu no quieras  atraer persiste por siempre por fortuna, y cualquiera que sea esta situación, podrás abrazarla, aprender de ella y seguir adelante.

Quítate la máscara del papel que jugaste y date cuenta que eres mucho más que el rol que un día decidiste jugar aquí.