Cuando la muerte llega de manera inesperada, verificas que tu existencia es un regalo que te es concedido día a día. Hoy la muerte me visitó por medio de un amigo a quien conozco hace mucho y cuyo socio partió. Él y su socio, llevaban juntos en su negocio más de 6 años.  Fue una muerte inesperada: el socio de mi amigo tenía una salud aparentemente buena; una familia hermosa; y su propia empresa. Un infarto se lo llevó esta mañana de manera fulminante.

No pude evitar ponerme en el lugar de mi amigo. Pensar que cuentas con alguien; das por descontado que al siguiente día lo vas a ver, y de repente, ya no está ahí. Este tipo de partidas tocan la vida de muchas personas; llegan con un mensaje muy poderoso, que a veces, pasamos por alto. Hoy pensé sobre todas las cosas que dejaría si tuviera que partir súbitamente, y también pensé en qué sucedería si un ser querido o muy cercano se fuera de esta forma. Me alegró saber que si mi día llega, me tomará por sorpresa en la realización de lo que quiero hacer. Me encuentro tranquila de estar dando el 100% para cumplir mi misión de vida. Y aún así, me inquieta que llega ese día sin completarla.

Sé, a la vez, que ese día llegará cuando ya haya cumplido mi misión. A veces la misión se cumple antes de nuestras propias expectativas.

Hoy quiero rendir un tributo a la muerte por lo que nos enseña; porque sin su existencia aplazaríamos muchas cosas; porque nos recuerda de la importancia de estar en el aquí y el ahora.

No te vayas a dormir hoy sin preguntarte si estas haciendo todo lo que te corresponde para cumplir tus sueños y tu misión de vida. Regálale más vida a tu tiempo, dedicándote a hacer lo que te llevará a realizarte desde tu esencia. No des por sentada tu salud, tu estabilidad, tu hogar, tu familia, y todas aquellas cosas que amas. Permítete andar con la muerte muy de cerca, sentirla y abrazarla en tu interior. Ella te mostrará parajes hermosos y te recordará lo afortunado que eres de estar viviendo esta experiencia única.

Homepage