A veces nos preocupamos cuando las cosas no se dan como las planeamos. Ahí es donde la vida nos pide que demos más allá de lo que consideramos como posible. Es como si el Universo nos pidiera a gritos varias de las bondades, que a veces, como seres humanos, nos sentimos incapaces de dar por nuestro limitado sistema de creencias.

Nos piden tener fe, aunque aparentemente nos encontremos en un callejón sin salida; nos piden creer en personas que ni siquiera creen en ellas mismas; nos piden una voluntad de hierro para no desistir de nuestras premisas; nos piden una constancia inquebrantable que desafía cualquier obstáculo; y también nos piden paciencia y más paciencia para no desfallecer. ¿Has sentido que estos retos se convierten en una batalla interior, que crees no poder superar?

No estás solo. Todos nos hemos sentido así. En estos momentos es cuando debemos buscar nuestro centro. Aferrarnos a nuestros sueños; y mientras vemos que el vendaval viene con sus vicisitudes y sus desafíos, nosotros estamos arraigados a lo que nos conecta con la Vida: a los anhelos de nuestro corazón. Mantén esta conexión palpitando todo el tiempo; recuérdala; recuérdate a ti mismo para que estás vivo. Basta con hacer eso y con respirar para despejar todas esas dudas que te asaltan.

Resístete a tratar de solucionar todas esos desafíos que parecen inundar tu mente. Recuerda que tu único propósito es resolver el qué y no el cómo. Naciste para decidir qué quieres hacer. Del resto de la ecuación, de cómo se resuelve ésta y otros enigmas, se encarga el Universo. Esto es precisamente andar con fe. Ten seguridad frente a las cosas que no puedes ver, y pronto las verás materializarse en frente de tus ojos. Es como una pantalla virtual que sostienes mentalmente por un tiempo, y cuando menos te das cuenta, la pantalla se ha convertido en tu vida misma.

Hoy te invito a que sigas creyendo en el sueño, y más importante aún, a que afiances tu Creencia en ti. Esto es lo único que necesitas para llegar a donde sabes que llegarás.