Para muchos estar en la zona de confort hace parte de lo que se rotula como ‘una vida normal.’ Comencemos por definir qué es una ‘vida normal’… te encontrarás que la vida de normal no tiene nada en absoluto, y si lo tiene, lo que es considerado como normal para uno, no lo es para otros.

La vida en sí es un milagro. Cuando nació mi hijo, después de esperarlo por 38 semanas, y estando consciente de todas las cosas a las que pudo haber estado expuesto, supe que el nacimiento de un Ser en la tierra es el Milagro más grande que podamos presenciar. Es una bendición el regalo, pero lo es aún más, el estar Despierto para verlo como tal. Siempre oí decir que un hijo te cambia la vida; lo que cambia es tu forma de relacionarte con la vida.

Si nacer es un Milagro, mantenerse vivo lo es aún más. ¿Sabes a cuántas circunstancias estamos expuestos día a día que pueden llevarse de un soplo nuestro aliento? Basta con estar vivo para estar expuesto a morir. Por eso cada día que se nos concede en este planeta es el mayor regalo que tienes para experimentar la creación.

Partiendo de esta verdad, si somos conscientes de que el torrente de Vida que nos inunda es un acto extraordinario, entonces vivir debe ser tomado en cuenta como la oportunidad que tienes diariamente para crear. Resulta que, por el contrario, nos han hecho creer que las vidas de muchos se han convertido en ‘algo’ que es producto de todo, menos de ti. Vivimos el efecto de lo que ‘otros’ decidieron crear. ¿Quiénes son esos otros? A esto le llamamos el gobierno, la economía, la situación política, la idiosincrasia, la cultura. Y muchos, incluso dicen que esta es ‘la realidad.’ Y por supuesto, si te dices a ti mismo que esta realidad es la que te define, ten la plena seguridad de que así será.

Es aquí en donde debes detenerte. Es hora de que dejes de vivir la vida de otros o ser el efecto y no la causa primaria de tu vida. Es hora de que te hagas preguntas. Aquí es donde diferenciar entre lo que Eres y lo que Haces se vuelve fundamental. Es cuando miras hacia adentro que encuentras las respuestas que ves en el exterior. Sólo teniendo claridad, puedes desarrollar la habilidad para distinguir. Es el arte de discernir.

A veces creemos que estamos distinguiendo una cosa de la otra, pero al estar inmersos en esta, ‘la realidad’, olvidamos por completo de dónde venimos, quiénes somos y más importante, qué vinimos a hacer. Nos llenamos de pretextos para no Ser quienes realmente somos, y por lo regular, le atribuimos nuestra inconsistencia al exterior. Sólo mirándonos hacia adentro, podremos encontrar las raíces de lo que hay afuera.

Más allá de juzgar, la invitación que nos hacen es a discernir. Cuando tienes la capacidad de ver, todos los velos de lo que no Eres se desvanecen. Entonces puedes ver todo muy claro y al experimentar la observación de ti mismo, serás todo lo que siempre has sido.

Da las gracias porque ningún día de tu vida es igual a otro; cada día es un regalo para experimentar quién verdaderamente Eres, y para dar ese paso, es preciso discernir. Tienes el don de discernir, pero a veces simplemente no quieres ver porque sabes que lo que estás a punto de ver te sacará de tu zona de seguridad, aquella en la que están cimentadas tus raíces. Si sigues indagando, sabrás que esas raíces jamás estuvieron allí. Permítete ver aquello que no has querido por medio de la gracia de discernir sin juzgar. Ya no habrá nada a lo que tus falsas creencias puedan aferrarse y el milagro sucederá. Podrás verte y reconocerte en tu grandeza.