El caos es una fuerza con ímpetu propio. Es un espíritu independiente e indomable. Cuando llega a tu vida, se expresa con una avalancha de cosas que se suceden una detrás de otra y al mismo tiempo; te sientes sobrecogido por esta oleada de sucesos inesperados que suelen arrebatarte tu estabilidad del momento.

Esta fue una semana de esas: el día trajo consigo una montaña de desafíos que parecían un torbellino de distractores de las que apenas podía sobreponerme. ¿Has tenido días así? Descubrí que esa ráfaga es necesaria para mover la energía en nuestro entorno. Es una limpieza profunda de cosas que deben irse para liberar espacio para que otras vengan. No sin antes dejarte lecciones y comprensiones maravillosas sobre tu vida y las personas.

Cuando la vida te desafía de esta manera, debes perpetuar tu posición de guerrero, y a la vez, rendirte ante las ordenes del Universo. Debes buscar tu centro y tener muy bien tus pies sobre la tierra, cuando a la vez debes dejar correr entre tus manos el agua que debe circular.

Lo cierto es que el adagio popular reza que después de la tormenta, viene la calma. Yo agregaría que el caos es maravilloso: te obliga a desprenderte de tu sistema de creencias y te abre para recibir las mejores bendiciones. Después de haber librado tus batallas, volteas a mirar atrás y ves a otro Ser que se despide del nuevo gigante que resurge con cada conquista.

Los hijos son maestros que vienen a desafiar nuestra manera de hacer las cosas. Vienen con una tecnología superior. A veces quieres ‘protegerlos’ de las acciones del caos, cuando éste hace parte de la vida misma. He aprendido que no debo evitarle a mi hijo lo que sea que deba suceder; debo mostrarle como sortearlo para que después él pueda enfrentarse a su propio caos.

Dedico esta semana a mi hijo y a los demás hijos del mundo. Gracias por su paciencia infinita; por amarnos por encima de todo; por comprender nuestro lenguaje, muy retrógrado para su estado de evolución. Los hijos nos alimentan los sueños. Son el brillo de nuestros ojos y por su certeza, avanzamos invencibles ante la vida. No existe un amor más grande del que se le profesa a un hijo, sea biológico o cósmico.

Ese otro ‘yo’, ese otro líder, somos nosotros mismos. El caos también viene a nuestra vida para romper falsas creencias, para hacer visible lo invisible y para que nos preguntemos de qué estamos hechos.

Lo que siembres en tu equipo, será lo que recojas en la cosecha. No trates de evitar el Caos. Abrázalo y bendícelo por todo lo que está por traerte y enfrenta con responsabilidad cada cosa; si lo haces, las lecciones aprendidas no se te volverán a presentar.

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