Romper la rutina y dejarse sorprender por personas o cosas nuevas que te aparecen de repente es algo verdaderamente liberador. Es como si tienes un mapa para ir del punto A al C, y cuando ya estás en el B, justo antes de llegar a la meta, aparece de la nada lo inesperado. Normalmente, yo solía ignorar estos ‘de repentes,’ y me volvía a encarrilar en mi rutina. ¿Te dejas seducir por estas apariciones sorpresivas? ¿Sueltas lo que estás haciendo cuando algo llega de imprevisto?

Cuando nos dejamos sorprender por la vida, un regalo inesperado llega a ti. Fluyes en una conversación; y notas que el sólo hecho de que tú estés en ‘modo apertura’, automáticamente te puede cambiar una relación en segundos. Esto fue lo que más me sorprendió de un colega con el que trabajo hace un tiempo. Los dos estábamos reencontrándonos en nuestro trabajo, nuestra misión con nuestros clientes, y en esencia en nuestra manera de ver las cosas. Eso sólo puede suceder cuando te sueltas y cuando dejas la aprehensión a un lado.

Me di cuenta que definitivamente, podemos ser detonantes de muchas situaciones que nos suceden a diario. Pero tal vez lo que más me gustó fue haberle hecho el quite a la rutina. Es como si me hubiera deslizado por una nueva salida de la que el tiempo no pudo atraparme. Y ese escape me recargó de tanta vitalidad, que regresé a hacer lo que tenía pendiente en cuestión de minutos. Vivir cada instante es apasionante; dejas de calcular cada paso, de controlar lo que en realidad jamás has controlado, y en esta entrega a lo que la vida te depare, te vuelves más consciente y palpitas al unísono con el corazón de la existencia. Gané más vida en esa tarde que en muchas semanas que han transcurrido.

Te invito a que te lances al abismo; a que te des el regalo de deshacer tus planes; de darle un escape a tu rutina. Es fantástico descubrirte a través de lo inesperado.

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